Calidad de la luz; breve introducción

 


La luz es la herramienta fundamental del fotógrafo y, sin embargo, suele ser mal entendida por la mayoría de ellos, principalmente los principiantes. Usualmente se distingue a la luz, por la fuente que la produce, y entonces hablamos de la luz natural y la artificial, bueno, pero en realidad ¿En qué se diferencian? ¡Sigue siendo luz!

Por supuesto clasificar la luz en natural y artificial nos permite inferir algunas de las características propias de cada una de ellas. Dichas características son a lo que, en el ámbito fotográfico, denominamos calidad de la luz y de ésta solemos diferenciar cuatro (intensidad, color, dirección y dureza) características que, si bien las podemos enumerar como características individuales, en realidad es la combinación de ellas, las que conforman la iluminación de la escena que influye en el registro fotográfico.

Una de dichas características es por supuesto la intensidad, que se refiere a la cantidad de luz que incide sobre una superficie, todo fotógrafo conoce la importancia de esta característica, de hecho, todo fotógrafo sabe que es indispensable medirla para poder calcular la “exposición correcta”. Es a partir de este cálculo que el fotógrafo decide registrar una escena muy luminosa o poco luminosa, dar preferencia al área de altas luces o de sombras o inclusive, suponer las modificaciones que durante el proceso de revelado e impresión aplicará. El control de esta característica influye sobre la ambientación de nuestra fotografía.

 Otra de estas características es el color de la luz, por regla general consideramos que la luz es blanca, sobre todo la luz natural, y sin embargo, bien conocemos que este color varía según la hora del día, más aún, dependiendo del ángulo de incidencia de la luz solar sobre la atmósfera. Incluso en condiciones de luz artificial, sobre todo con lámparas incandescentes, generalmente “sentimos” que el color de la luz es blanco, nuestro cerebro balancea rápidamente el color de la luz por lo que la percibimos como blanca. El fotógrafo experimentado toma muy en consideración esta característica y decidirá si es necesario modificarla, durante el proceso de captura o bien durante el proceso de revelado, para lograr la atmósfera deseada. Si bien en los equipos digitales modernos esta función suele trabajar casi tan eficazmente como nuestra visión, no es tan preciso, imagine fotografiar un atardecer con el sistema calibrado para un balance automático de blancos. Esta característica influye principalmente sobre el mensaje emocional de nuestra fotografía.

 Una característica más, la dirección de la luz, ésta se refiere al ángulo con que la luz incide sobre nuestra escena en general y a nuestro elemento principal en particular, si bien para el fotógrafo principiante puede parecer una característica banal, en realidad es la característica que más influye con respecto al aspecto visual de nuestra imagen fotográfica. Controla principalmente las sombras, por lo que influye en el énfasis de las formas, las texturas y el espacio entre los objetos, lo que actúa drásticamente sobre la definición de nuestra escena. En fotografía suele referirse al ángulo de iluminación para definir la dirección de la luz, y si bien se puede hacer referencia al mismo por medio de una referencia angular entre el eje cámara – sujeto y la elevación de la luz, por lo general se hace referencia a ángulos de iluminación aproximados, donde nos referimos a la iluminación frontal, cenital, nadir, lateral, contraluz y cuarenta y cinco. Una consideración importante con respecto a la dirección de la luz es que, una vez realizado el disparo de la cámara, el efecto de esta no se puede modificar fácilmente en la imagen.

 Quizás la característica de la luz menos comprendida sea la dureza de la luz, generalmente se le confunde con la intensidad y modifica drásticamente el efecto de la dirección de la luz y del contraste. Acorde a la dureza de la luz, ésta se divide en luz dura (especular) y suave (difusa) y depende tanto del tamaño aparente de la fuente de luz, como de la distancia de la misma.

 Consideremos una escena iluminada en un día despejado alrededor del mediodía, por supuesto nuestra fuente de luz es el sol, que debido a la distancia a la que se encuentra pareciera muy pequeño (tamaño relativo), la luz que ilumina la escena es muy direccional, no es necesario voltear a ver la posición del sol, las sombras en la escena lo indican de inmediato, además las sombras en esta escena son muy obscuras y bien delineadas lo que por supuesto aumenta el contraste de la escena. Este caso es un ejemplo típico de iluminación dura, un tipo de iluminación muy semejante a la lograda por una unidad de flash electrónico a corta o media distancia.

 Por otro lado, consideremos ahora la misma escena con el mismo horario, pero en un día nublado…

 Sí, estoy completamente de acuerdo con usted, la intensidad de la luz disminuye, pero no sólo eso. Ahora la luz parece provenir de diversas direcciones (aunque sabemos que proviene desde arriba), es poco direccional, los fotógrafos denominan este efecto como luz envolvente, como si la luz girara en su trayecto para envolver la escena, la delimitación de las sombras no es tan definida, los bordes entre las áreas en sombra y a plena luz presentan un efecto degradado lo que las hace poco delimitadas. Todo esto es debido a que ahora debemos considerar que la fuente de luz es en realidad la nube que cubre la escena, el tamaño aparente de ésta es mucho mayor que el del sol y además se encuentra más cercana, lo que decimos le brinda un efecto difusor. Este caso es el ejemplo típico de la luz suave.

Por supuesto, podemos imaginar durezas intermedias, ni netamente duras ni netamente suaves. No existe un modo de “cuantificar” el grado de dureza de la luz, aunque el ojo entrenado del fotógrafo puede identificar su efecto sobre la escena. Esta característica de la luz tampoco puede modificarse una vez que se ha accionado el obturador.

Ahora bien, el fotógrafo avezado conoce y aprovecha cada una de estas características para lograr que la imagen fotográfica transmita el mensaje y/o estado de ánimo que desea representar. Para el fotógrafo con experiencia media implica un cierto grado de complejidad, sólo con la práctica intencionada es posible comprender y manipular el modo en que estas características de la luz influyen sobre la imagen final, por lo que es muy recomendable prestar atención al tipo de iluminación presente al capturar una imagen fotográfica y dentro de lo posible, experimentar modificándola para, a su vez, modificar el resultado obtenido.

 Referencias:

  •  Bayona, P. et al. (1991). Minutas Fotográficas. (2° ed.), México: Ed. ENP, UNAM.
  • Freeman, M. (1982). The Complete Guide to Photography. London U.K.: Quill Publishing Ltd.
  • Kerr, N. (1982). Technique of photographic lighting. New York: American Photographic Book publishing Co.
  • Varios (1979). Enciclopedia Práctica de la Fotografía. Barcelona: Ed. Salvat S.A.

 

 

Ley del Inverso de los cuadrados


Todos sabemos que a medida que nos alejamos de una fuente de luz, la intensidad de ésta disminuye, en Fotografía es común utilizar fuentes de luz artificial y la intensidad de dichas fuentes no sólo depende de la potencia de la lámpara de nuestro equipo, además influye la distancia entre la fuente de iluminación y nuestro “sujeto fotográfico”.

Esta pérdida de intensidad lumínica también la podemos observar con nuestra fuente de luz natural, el sol, si consideramos la forma de nuestro planeta podremos visualizar que, la luz de “nuestra estrella” recorre una distancia distinta para iluminar el ecuador, que la que recorre para iluminar los polos. Sin embargo, para efectos de exposición no consideramos la diferencia implícita en cuanto a intensidad de luz, esto se debe a que la diferencia proporcional entre estas distancias es en realidad mínima, es decir, al comparar la distancia que recorre la luz desde el sol al ecuador es prácticamente la misma que la distancia recorrida entre el sol y los polos.

Pero qué sucede cuando nosotros utilizamos alguna fuente de luz artificial, bien sea una fuente de luz continua o alguna unidad de flash. En realidad, en estos casos estamos trabajando a distancias (en comparación) muy cortas, las podemos medir en metros, y al variar esta distancia, la diferencia proporcional en cuanto a distancia sujeto – fuente lumínica puede variar considerablemente, y por tanto el cambio de intensidad es considerable.

Si bien la “Ley del inverso de los cuadrados” es precisa sólo para fuentes puntuales de luz, ésta puede ser aplicada para la mayoría de los equipos fotográficos de iluminación. Podemos ver la expresión matemática para esta Ley en la fórmula # 1, y nos indica que:

“La intensidad de la luz varía inversamente proporcional al cuadrado de la distancia, entre la fuente lumínica y el plano de iluminación.”

Veamos esta situación, al alejar la fuente luminosa del plano a iluminar, la intensidad de la luz disminuye (relación inversa), pero de forma cuadrática, es decir si la distancia entre la fuente de iluminación y nuestro sujeto fotográfica se duplica, la intensidad lumínica no disminuye a la mitad, sino a la cuarta parte.

Si consideramos una fuente de iluminación puntual, la luz emanada de ella se desplazará en todas direcciones conformando una esfera luminosa, sin embargo, para fines prácticos en fotografía consideramos sólo una porción de esa esfera luminosa, aquella que se dirige de la fuente luminosa al sujeto fotográfico, es decir sólo el “cono de luz” que se dirige a nuestro sujeto fotográfico, como vemos en el esquema anterior. Ahora bien, a mayor distancia entre la fuente luminosa y la superficie iluminada, no sólo tendremos una menor intensidad de luz sobre dicha superficie, además el área iluminada será mayor. Supongamos una determinada fuente de iluminación que colocada a un metro de distancia ilumina una superficie n con una intensidad lumínica x. Si retiramos esta fuente de iluminación a dos metros de distancia, ahora la intensidad con la que iluminará a la superficie será cuatro veces menor (x/4) al tiempo que la superficie cubierta por luz será cuatro veces mayor.

Ahora bien, este concepto aplicado en el ámbito fotográfico nos permite estimar la manera en que variará la iluminación con respecto a la distancia entre nuestro accesorio de iluminación y el sujeto fotográfico. Por un lado, cuanto varía la intensidad lumínica de nuestro accesorio de iluminación, y por el otro, la superficie que cubrirá dicha iluminación.

Veamos, si nuestro accesorio de iluminación cubre una superficie de un metro cuadrado y requerimos una exposición de f/11 para determinada sensibilidad y velocidad de obturación, al retirar nuestro accesorio a dos metros de distancia, entonces el área cubierta será de cuatro metros cuadrados, pero la intensidad de la luz disminuirá en ¼, lo que en términos fotográficos representa una disminución de dos pasos, por lo que la exposición en este caso deberá ser f/5.6 para la misma sensibilidad y velocidad de obturación.

Ahora bien, si en lugar de “retirar” nuestro accesorio de iluminación lo acercamos, lo anteriormente descrito es cierto, pero en valores inversos. Supongamos el mismo accesorio de iluminación del caso anterior, sólo que en esta ocasión acercaremos el mismo a medio metro de nuestro sujeto fotográfico, ahora la intensidad de iluminación es cuatro veces mayor, dado que el área iluminada es sólo una cuarta parte que el caso anterior (25 cm.2), el cálculo lo podemos observar en la ecuación # 1, por tanto, la exposición correcta en este caso deberá ser f/22 para la misma sensibilidad y velocidad de obturación.

Referencias:

  • Freeman, M. (1991). The 35 mm Handbook. Londres: Park Lane.
  • Kerr, N. (1982). Thechnique of Photographic Lighting.New York: AMPHOTO.
  • Varios (1979). Enciclopedia Práctica de la Fotografía. Barcelona: Salvat S.A.